El sueño inconcluso (extracto)

elsuenoinconcluso2Primer capítulo

Diego y sus compañeros estaban cansados. En años de guerra, conquista y trabajo apenas habían ganado para subsistir. Nunca pensaron que América consistiera sólo en una sucesión de caminos, de miseria y de hambre. No es que no hubiera riquezas, es que cuando las encontraban Pedro de Valdivia apenas se detenía para recuperar fuerzas. Al gobernador le atraían más los honores que el oro. ¿Acaso no había abandonado su encomienda en el Perú para irse a Chile? En cuatro años de marcha habían destruído ropa y calzado y ya no tenían más que jirones de tela o de cuero para ponerse.  No era avaro el gobernador, había distribuído los abastecimientos llegados del Callao, pero se agotaron antes de que muchos hombres hubieran rehecho su vestimenta. También se desembarcó unos toneles de vino, pero no venían llenos, como estaba previsto, y hubo robos que disminuyeron las provisiones. Por eso, una noche en que navegaban cerca del estuario del río Ainilebo, Diego Mejías se llevó a dos de sus compañeros a un lugar apartado de la cubierta, se aseguró de que el ruido del mar impidiese que terceros oyeran y les dijo:  

- Si Pedro de Valdivia hiciera un repartimiento a lo más nos tocaría una chacra. No le basta con los valles y las minas que ya ha descubierto, a pesar de que allí hay oro, tierras cultivables e indios para que las trabajen.  (...Leer más)