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Extractos de Ameland (El naufragio de la luz) en inglés / Excerpt of Ameland in English.  El escritor y traductor Peter Robertson ha iniciado la traducción al inglés de El naufragio de la luz. Dos extractos han sido publicado en the International literary quarterly. Extracto 1. Extracto 2


Defensa de la filosofía

En el contexto del anuncio del Ministerio de Educación de eliminar la filosofía de la enseñanza secundaria, una carta sarcástica y pública enviada a la Ministra, en el diario La Tercera, 31 de agosto 2016:

Obedecer y producir. Buenas razones para eliminar la filosofía


Mestizaje y canibalismo (extracto)

Extracto del artículo  Mestizaje y canibalismo, en libro colectivo ARTE EN AMÉRICA LATINA Y CULTURA GLOBAL, editado por Rebeca León, Dolmen Ediciones, Santiago, 2002. pp. 139-150. English versión: A Cannibalistic Model of Posmodernity

La discontinuidad histórica es un hecho habitual en América, algo antiguo, y no exclusivo de lo que ha sido llamado posmodernidad, ya se la entienda como momento histórico o como criterio de interpretación de la historia. Por ello, no es la posmodernidad la única en “desafiar” al concepto de historia universal, al decir del filósofo italiano Gianni Vattimo[1], sino que la universalidad de la historia se había disuelto ya en el continente americano justamente en el momento en que algunos creen que se inicia. La colonización y las posteriores rupturas culturales entre generación y generación en el Nuevo Mundo impiden que en él se dé una universalidad histórica como pretendía la Ilustración europea en el Viejo Mundo. La universalidad, por curioso que pueda parecer, ha sido entendida sobre todo en el plano geográfico, como una posibilidad de vínculo sincrónico que liga a europeos y americanos (o asiáticos), desatendiendo que la universalidad en América se frustra reiteradamente por el debilitamiento de los vínculos entre una generación y otra.

 

La discontinuidad, además, es una concepción de la evolución surgida como concepto periférico y antitético del de continuidad, pero ambos tienen como eje la convicción central de la modernidad según la cual la historia avanza y lo hace sin pérdida, por modificaciones que son incrementos positivos que acogen, superándolo más que simplemente destruyéndolo, el pasado. De esa forma, la modernidad pretende haber superado también la época en que las culturas del mundo carecían de vínculos sincrónicos. Pero, si bien la continuidad geográfica americana se inicia con la aceleración de los vínculos entre pueblos del continente, hecho que se debe a la colonización, no es menos cierto que ella viene acompañada de la discontinuidad histórica.

 

 

            El conocimiento de la historia americana, en especial de los fenómenos ligados a la conquista y sus consecuencias, no sólo permite hacerse una representación del tiempo jamás soñada por la filosofía de la historia europea, sino que destruye la pretensión de superioridad, universalidad y continuidad que le atribuyen algunos de sus mejores expositores y en relación a los cuales reflexionan, al menos en algunos aspectos, autores como Vattimo. El desconocimiento de la historia americana y de su multiplicidad de rupturas ha impedido ver que la pérdida de identificación con la historia inmediatamente precedente, pérdida que hace imposible la idea de una historia universal, no es un hecho nuevo y que, por lo tanto, no es un fenómeno exclusivo de la llamada posmodernidad. La situación que algunos llaman posmoderna no es el fin de las categorías modernas, sino una evolución que no desarrolla tradiciones, que incluso las destruye, y que no ha sido prevista por el modelo lineal de la historia americana. Ahora bien, desde el momento en que despojamos a la noción de posmodernidad de uno de sus componentes exclusivos y lo consideramos el modo de evolución común de la historia de una parte importante del mundo y de su cultura, la hacemos perder algunos de sus privilegios como hecho inédito, subsumiéndola en un fenómeno más general y antiguo, anterior a la modernidad, como es la evolución histórica por sucesión inconexa pero fructífera de capas culturales. Es necesario, por lo tanto, resituar el discurso sobre la modernidad y la posmodernidad no sólo en la historia de la filosofía, sino en la geografía de la cultura y en un cuadro donde se presenten sincrónicamente las distintas epistemologías de la historia, lo que permite constatar cómo las pretensiones de algunas de ellas tienen por base el escaso conocimiento de las otras.