• Sl 02
  • Sl 03
  • Sl 04
  • Sl 05
  • Sl 07

Nuevo libro de Le monde Diplomatique de Chile y editorial Aún cremenos en los sueños

Los desafíos del cambio climático

No hay plan B, Introducción por Hernán Neira, y siete capítulos más: 

-  Jugar a las apuestas con el futuro por Arianne van Andel
-  La amenaza de este siglo por Paulina Acevedo
-  Cuando el clima aviva los conflictos por Agnès Sinaï
-  San Pablo seco por Anne Vigna
-  El negocio de las catástrofes por Razmig Keucheyan
-  Salvataje del lago Chad por Romano Prodi
-  El oso polar, animal geopolítico por Farid Benhammou y Rémy Marion

En venta a $3.500 en librerías y en Le Monde Diplomatique, San Antonio 434, Santiago.
Teléfono 22 664 20 50 y 
por internet

neira - Inicio
Thursday, 18 June 2015 02:01

Una visita anhelada

Una visita anhelada

Publicado por primera vez en Revista Ecos de España y Latinoamérica, mayo 2008, Alemania.

© HN y Spotlight Verlag

¿Quiere dejar un comentario? ¡Pinche aquí!

Autorización de reproducción: solicitarla a Contacto

Estaba nerviosa, me temblaba el pulso, mi corazón latía de prisa y tenía las manos frías. Eran las once de la noche y todo acababa de ocurrir. Me senté y respiré hondo. Afuera no se oía ni los ruidos del amanecer. En mis adentros me dije:

- Por fortuna fui firme; por fortuna se fue; por fortuna estoy sola.

Si hubiera tenido que decirlo en voz alta, no me hubiera salido el aliento.

El dormitorio, todavía desordenado, tenía muestras claras de lo que había sucedido. También el comedor: en la mesa había dos platos, dos copas y dos de todo. Hasta podía saber lo que habían cenado aquella mujer y mi marido. Apenas la vi cuando salió corriendo en medio del griterío, de los insultos, los míos y los de ella.

No podía permanecer allí y fui a la otra pieza, a la que iba a ocupar el bebé. Miré sus paredes blancas, las que íbamos a pintar en cuanto tuviéramos la confirmación, pasé la mano por los muros y salí todavía más triste de lo que había entrado. Caminé hacia el pasillo hasta llegar al escritorio: allí estaban los libros de mi marido, y arriba, cada vez más difíciles de alcanzar, mis Emily Brontë, mis Virginia Woolf, mis Simone de Beauvoir. Entonces me di cuenta de cómo mi espacio había ido disminuyendo en los anaqueles, de lo difícil que se me había vuelto ser yo misma, de lo culpable que me había sentido por no poder engendrar un hijo, por no ser como todas las mujeres.

Friday, 12 June 2015 15:27

Mortaja de zinc (El ingeniero)

Mortaja de zinc (El ingenierio)

Publicado en Cuentos contables, libro que reunió a los 15 escritores finalistas y al ganador del Premio Banco de Santiago, 2000.

Editorial Alfaguara, Santiago de Chile, 2001. ISBN: 956239135-3

© HN y Alfaguara. Autorización de reproducción: solicitarla a Contacto

En homenaje a Enrique Kirberg, ex rector de la Universidad de Santiago de Chile 

El ingeniero confirmó las cifras que le acababa de dar y con un gesto dio a entender que estaba bien, que la desviación del trazado era correcta. La tarde anterior los hombres, que cavaban con palas, picas y chuzos, habían dado con una roca inesperada y no habían podido seguir haciendo los hoyos donde se debía colocar los postes, hermosos postes de alerce rojizo y estriado. En Santiago y en otras ciudades bastaba con hundirlos metro y medio para que resistieran los terremotos, las sacudidas, las inclemencias meteorológicas y el peso de los cables. En la isla, en cambio, el ingeniero había insistido en que debían quedar al menos dos metros bajo el nivel del suelo porque el viento era incluso más fuerte que en Tierra del Fuego. El celo profesional del ingeniero no fue bien recibido por los trabajadores y hubo quejas, tantas que decidió revisar las medidas. Sin decir nada se alejó de las obras, se refugió en el galpón donde se guardaban los materiales, rehizo los cálculos y regresó diciéndonos que los dos metros eran correctos porque en la parte superior el viento producía un empuje lateral (esa fue la palabra técnica que utilizó) que podía llegar a varios cientos de kilos, lo que requería una larga base bajo tierra para ser contrarrestado.